.doc

Encontré en los puntos suspensivos los puntos finales de las relaciones, en los puntos y aparte hice un paréntesis.

Pegándome con mi mundo, copiado casi todo de otros, perdí el control con mayúsculas, pero encontré un escape, una manera de organizar todo.

Encontré tu amor y sus sinónimos, siempre centrados de manera justificada, subrayé su fuente y su estilo con seguridad, y acabé cortando por lo sano, sangría justificada, perdiéndome en la exclamación con un interrogante que no estaba en el guión.

Cambié de estilo y di un salto en la fecha y hora señalada, subrayé/corregí mis opciones, ordené los objetos en fila y los saqué de su celda, llegué al fondo del tema, te veía en miniatura, enumeré matices, guardé tu imagen, encontré mi espacio.

Quedaron marcas de agua impresa, que no pude deshacer, ventanas divididas… ya no contaban las palabras, ya no eran símbolo ni ayuda.

Etiquetado

Don´t stop me now

No voy a parar, nada puede detenerme ahora; no habrá trabajo ni paro que pueda conmigo, aprenderé a vivir como el musgo a la sombra de los árboles, como un gusano de seda esperando confiado la transformación. Usar todo lo que tenga la vida sin desechar nada como inútil. Lo malo será una guía que sabrá enseñarme los precisos pasos hacia lo bueno. Y al final las dos cosas serán una única realidad sin juicios ni condenas por hacer. No miraré atrás para no dejar de ver lo que tengo enfrente, este presente instalado  en los dedos posados en el teclado del portátil, tratando de descifrar entre vocales y consonantes las señales, los tímidos sucesos y los que retumbaron en mis oídos, Amarlo todo como única solución para no encadenarme a nada. Aprenderé a no quejarme, aprenderé a dejar de buscar soluciones, cuando entienda que en realidad no hay ningún problema sino lo  hemos creado nosotros, que buscar una solución es aceptar que hay algo que no va bien, cuando todo sucede por algo; los buenos momentos me han valido para afrontar con actitud las circunstancias, las consecuencias son mi único crédito, tarjeta de visita, acuse de recibo; la única manera de demostrar mi libertad.

Libertad de ver la vida y observarla sin nada tras los ojos con poder para adulterar lo visto.

La mente es un vertedero de recuerdos y deseos, una concatenación manipulada de ecos. Una carga continua y en general creciente, que sólo se va en unos breves instantes en que sientes algo que está más allá de esta estupidez, una confianza total a la vida, sabiendo que la muerte no puede arrebatarnos nada que sea nuestro. Luego te desperezas de ese momento de duermevela, lo suficientemente dormido como para no recordarse a uno mismo y lo suficientemente despierto para estar a solas con ese instante enorme que me envuelve.

Estos momentos duran poco, pero cuando ocurren valen más que miles de horas que no han valido esencialmente para nada; que sólo han valido para evitar encontrarme conmigo mismo.

Etiquetado

La Odisea

Me despierto con ganas de ir al servicio, acompañándome en la vuelta a la consciencia el cansancio en los músculos y un pájaro carpintero instalado en mi cabeza; con tanto invitado no he reparado en que la situación no es la idónea, Laura está durmiendo, pero aún dormida me tiene una pierna aprisionada y el brazo tras su espalda, (¡que tía!) como una llave de lucha americana, sintiendo esa sensación estúpida de que te están asfixiando el brazo, espoleada por la incapacidad de poder moverlo. Y yo con ganas de ir al servicio. Pero calma, que no cunda el pánico. Veamos, estoy en el sofá-cama, pegado a la pared del lado en el que hace unos minutos dormía aunque parece que llevase siglos despierto y paralizado.  La ventana me cierra el paso por el lado de la almohada (que no cunda el pánico y unos cojones, noto la mano amoratada, retorciéndose en toneladas de materia infinita) siendo el último lado el más inquebrantable de todos, el protegido por Laura, por su sueño, infinito mientras dure, aquel que no quiero turbar.

Lo veo complicado, así que pienso, sigo durmiendo, pero no puede ser. No me lo creo ni yo. Imposible. Que idea, a estas alturas, es de risa. Tengo pis, y por lo que parece bastante.

La única posibilidad de tierra firme está a los pies del sofá cama, que ahora veo en la penumbra, como un lejano reino milenario con servicios de oro y diamantes al que ansío regar, digoo… llegar. Mi camino de Santiago doméstico. Un viaje, donde no está permitido el fracaso ni la retirada, un Vía Crucis por los derroteros del orín y el escapismo nocturno.

Empiezo a moverme lentamente, otro problema que no he indicado antes, es que estábamos cubiertos por una manta de color rojo, preciosa cuando la usabas para no salir desnuda a la terraza pero que ahora en cambio se mostraba feroz, enredada en sus pies y de paso en los míos cuando hacía un rato nomás era caperucita roja.

Empecé a probar algún movimiento a ver si había escapatoria, Así no sentiría esta sensación arrugada en el estómago, por la impotencia por no poder moverme; así no me sentiría como un perro sin su árbol favorito cerca.

Por si acaso.

Muevo la mano derecha, abro y cierro, estiro el brazo, (100% actividad 0% acción, vamos, haciendo el canelo) cómo si eso pudiese dar ánimos a mi otra mano, que gilipollas, mi brazo ha visto su sueño hecho realidad, y al verse así, se siente mucho peor. La pierna calentita, eso sí, gracias por preguntar, un calor axfisiante que hace como si esta extremidad tuviera corazón, (porque lo siento latir, cojones).

Tantas cosas y aún no he avanzado ni un milímetro  hacia la libertad. Hacia la paz, hacia el peace.

 Respiro profundamente y te miro dormir, te digo adiós, ante las aventuras que seguro tendré, los obstáculos por sortear, (la batalla de la manta, escapando de las raíces, la serpiente…) en tres metros de distancia, ahora infinita.

Hay que actuar. Tomo aire y empiezo a girar sobre mi propio eje para que la mano pueda salir de tu espalda, hace unas horas un rompecabezas, ahora una plancha de acero forjado sobre mi brazo, que imagino planchado como en los dibujos animados. Me entra la risa, pero me contengo a tiempo, reírme sería fatal, el cuerpo moviéndose como una descarga, como un pájaro carpintero (siempre en todas partes), te despertaría seguro. Trato de variar el ángulo entre el brazo y el pecho, me pongo inclinado hacia el lado de ella, pero no así como pensáis, a gusto, cuando estás en la cama (solo) y dejas que el cuerpo ruede, hasta dejarlo descansar en ese espacio definido que llamamos postura. No, esto era “heavy yoga”, mi espalda tiesa como un tablón, de cintura para abajo quieto completamente, soportando la torsión resultante de que el pecho y las piernas estén a un ángulo de 90 grados, y subiendo, rojo como un tomate (si te despertases ahora y me vieras te daba un síncope, a dormir otra vez guapa, pero esta vez el sueño eterno).

Y en la mente una consigna. Trata de arrancarlo, trata de arrancarlo por Dios! (no le funcionó a Luis Moya, me va a funcionar a mi).

Pero de repente, ya de vuelta a la horizontalidad, te mueves un poco, aprovecho que tus piernas se separan para desenredarme con una facilidad pasmosa, quién lo diría minutos antes, esos minutos que parecían eones, (mejor dicho, meones)

(“La batalla de la manta” y “Escapando de las raíces” quedan pospuestos hasta nuevo aviso)

Ya sólo queda el brazo, y yo ya me siento con el viento a mi favor, en plan salvar al soldado Bryan, con la fe que mueve montañas de mi parte, me muevo un pelín hacia atrás para tener suficiente espacio cuando gire el cuerpo sobre si mismo, ya liberadas mis piernas, contribuyendo a la inminente victoria, sigo girando un poco más y así va saliendo el brazo tirando de él hacia atrás, concentrado en cada mínimo movimiento, centímetro a centímetro mi brazo cual serpiente escapaba de la guarida de tu espalda, de mi refugio en tu espalda.

Sale la mano…y en la quietud de la noche allá afuera, sobreviene el ruido de una señora echando agua a las macetas, un sonido persistente comienza a desalojar el silencio y de paso mi calma (el viento de antes me golpea en la cara), agua cayendo, líquido elemento escapando de la regadera y derramándose en la maceta a la hora más inoportuna, mi vejiga decidida a seguir sus cantos de sirena… eso no, joder, eso es una jugarreta del destino, que no quiere que llegue, cabrón, quieres ver cómo me lo hago encima y que me llamen el dodotis, eso no, nunca.

Me muevo algo más rápido, reptando hacia los pies del sofá-cama, comprimiendo la vejiga cual maestro de Yoga, al fin mis pies sobrepasan el umbral de la materia, se quedan suspendidos en el aire. Vuelve la calma y me lleva a posar los pies e incorporarme, doy unos pocos pasos y ahí está, al fondo a la derecha, como tiene que ser. Las sacro-santas puertas del baño. Ahí es cuando uno valora los pequeños detalles: uno mira con cariño hasta la taza del vater, ese sitio que es como morir, porque se lo lleva todo y luego, cuando estás vacío y sientes que no queda nada, la paz. Renacer.  Mientras estoy en mis asuntos pienso que tendría que escribirlo, (me da tiempo a pensar bastante porque llevaba horas sin ir), con una cara de satisfacción en aumento, pensando cuantos litros habrán escapado de mi cuerpo, si tengo una vejiga o un container de pis…esas tonterías.

Cuando acabo, me lavo las manos, me dirijo a la cama y… está despierta! Lo que me hace pensar, cuánto tiempo lleva despierta? he estado contorsionándome como un especialista circense, luchado contra la plancha, contra los cantos de sirena…para nada?

Pero me lo guardo para mí. Vuelvo a tu lado, rejuvenecidos cien años, fuerte y confiado, tras la victoria cual Ulises al regresar a su Ítaca, donde me reciben unos brazos que no son ramas, piernas que no son raíces y besos que tampoco son de este mundo.

Y si no al tiempo.

Ya estamos rodeados de horarios y plazos,
prisas suicidas, cuentas que rendir.
autobuses que arrancan sin nosotros.
agendas repletas de  despueses.
 
Vivimos más de horas que de segundos.
La ciudad reclama obediencia
con la precisión de un relojero
y por lo pronto,
para todo se hace tarde.
 
No me pidas que te llame todos los días, tú no.
Deja que me muestre sin seguir sus ritos profanos
 
Vamos a encontrar nuestro propio lenguaje,
diferente matemática,
alquimia precisa.
Vamos a liberar la arena de su encierro simétrico.
  
El presente es un orgasmo que siempre dejamos atrás
y ya he faltado demasiadas veces a la primera cita.
Etiquetado

Para que no me olvides

Para que no me olvides me he largado sin decirte nada,
te he dejado los besos caídos al lado de la madrugada,
para que no me olvides he desnudado tus dudas con mis dados,
y añadido marcas de tiempo a nuestro calendario.
 
Por no querer tu olvido he secuestrado tus recuerdos
hasta el síndrome de Estocolmo o hasta llegar al suspiro
He cambiado el letrero de tus salidas por mis entradas,
he buscado en tu regazo el mundo de los vivos.
 
Y al fin he comprendido.
 
Por comprender que ni nosotros mismos podemos separarnos
inventé celos, decepciones, puntos suspensivos…
tú me ayudaste tomando decisiones opuestas,
te empeñaste en el punto y aparte
cuando no era más que un punto y seguido.
 
Éramos tan solo dos balas perdidas
buscando una salida
para volver a empezar,
Éramos tan solo tu boca y la mía
besando en noches suicidas
canciones sin acabar.
 
Me respondías cuando no te había hecho la pregunta
me preguntaba por qué tanto interrogante
y las palabras eran dardos o puñales
pero siempre daban en el blanco.
 
Para que no me olvides me he largado sin decirte nada,
he dejado nuevos besos al lado de tu madrugada.
 
 
Ángel González y Jesús Caro.

 

Etiquetado

Rosa

Me sentía un poco rosa cuando decidí hacerme aquella foto, al reparar en un coche deportivo, un instante de deseo fugaz pero existente. Hojear una revista repleta de sonrisas enlatadas, alimentarme de sueños de papel couché.

Los anuncios de la tele proponían soluciones a problemas inexistentes, me escupían a la cara que no era perfecto, que precisaba de sus recetas intoxicadas, se empeñaban en convencerme de que no era nadie.    La palabra necesidad trataba de tomar el control desde cada rincón, desde cada ángulo.

Apagué la tele, borré esa foto, tiré la revista, opté por dar un paseo; Al mirar hacia arriba, un color rosa completamente diferente se mostraba ante mí, reflejado en las nubes del atardecer. No necesitaba del futuro porque sólo se alimentaba de presente, no había reto ni promesa, era efímero y eso lo hacía infinito. No se evaporaba en mis manos como una limosna, no se necesitaba esfuerzo ni deseo para que cristalizara.

Y en esos momentos de claridad, la sensación, fugaz pero existente, de que buscando la vida en rosa uno acaba metido en jardines repletos de espinas.

Etiquetado

Caleidoscopio

Uno es el que bebe, otro el que está sobrio, el que fuma, el que come carne o pescado, el que gasta la tarde jugando a la play, el que aprovecha las horas rasgando unas cuerdas, cocinar o picar de lo que haya, otro el que lee, otro el que escribe, diferente con una sonrisa o apretando los dientes, el que está acompañado y el que está sólo en la habitación, el que ve las horas de la noche pasar entre pausas para el cigarro y el que sueña el día siguiente; el que se rinde para volver con más fuerza, el que se hace fuerte para no tener que rendirse . ´

Soy un caleidoscopio, una multitud de psiques, cada una tirando de una dirección diferente, dejándome en evidencia de cuando en cuando.

Y así, perdido en este caos, busco un centro que reorganice todo, cada cosa en su sitio.Difícil, sabiendo que hay muy pocas cosas que me hagan rebosar, que lo urgente ya no es nada importante, y sólo lo que siempre se espera parece darme un faro al que agarrarme hasta que el torbellino de las rutinas se vaya como el agua por el sumidero, y no quede nada más que un vacío, un contenedor a la espera.

Cuando alguien descubre un sol, es difícil contentarse con la luz de una bombilla, con la débil llama de una cerilla. Y resulta arduo vivir sin poder contentarse, que nada excepto tú pueda ponerme en guardia, recalibrar actitudes, sumergir lo superfluo.

Etiquetado

Azul

Me pasé tres años buscando el azul. Subí a la azotea, mirando el cielo infinito que no me respondía, me dirigí al mar y sólo sentí salada la tristeza. Viajé a Argentina y cuando pregunté por el azul sólo me mostraron una bandera, pregunté a reyes y príncipes de ningún cuento que taparon presurosos las heridas; ya en Madrid me dirigí a la calle Génova y sólo había excrementos de gaviota corroyendo las aceras; en Ferraz, todo lo que sabían del azul era simplemente odio ciego. Desalentado, volví a casa, donde solo me recibieron los azulejos fríos de la entrada. Puse un blues mientras buscaba entre los 111 tonos de azul conocidos. Nada. Sin esperanza, a punto de meterme en la cama abrí el cajón de la mesilla de noche y ahí estaba, el azul que buscaba, tus ojos en la foto, tu mirada atemporal, de un tono aún por inventar, respuesta a todas las preguntas, hija de ninguna bandera, cicatriz de todas las heridas, abono necesario, amorosa y cálida. Se acabó el blues, como se acabó nuestra historia hará tres años y el silencio que reinaba trajo calma y serenidad, todo lo necesario para poder seguir adelante.

Desalojo

 

 

Me doy una vuelta por las angustias pasadas

Todo lo que perdí fue nada, porque nada tuve.

solo la imaginación y a veces,

dos soledades compartiendo colchón.

 

Algún momento  prendía la llama

Y luego, cuando el otro no miraba

nos turnábamos para apagarla

Y que no consumiera de paso

nuestra etiqueta solitaria.

 

Hablamos tanto de que no lo hacíamos

que se hizo realidad manifiesta

Y no supimos gestionar nuestros errores

Y no supimos hacer lo que sabíamos.

 

Puede que te pierdas en tu intelecto afilado,

puede que arda en pasiones desatadas.

Pudimos ser el fiel de la balanza,

nuestro equilibrio metaestable

Pero siempre hay algo que pesa demasiado

como para levantarse.

 

Tu orgullo y el mío,

nuestros egos protectores,

destruyeron la poca vida compartida

a base de unos pocos segundos.

 

Nos dimos la razón

y seguimos por otras calles

Y en la nuestra no latía ninguna pregunta

una vez desalojadas las respuestas.

 

Encontraste otro intelecto con quien interactuar

Encontré un sentimiento continuo en una mujer

Y la mezcla imposible que juntos formábamos

volvió a separarse sin alquimia ni milagro

Aceite y agua sin reflejos dorados

resbalando por el lavabo..

 

Pude haber rescatado tu humanidad recatada

de la fortaleza inexpugnable con que te rodeaste.

Pudiste poner pies a mis dos alas

y no seguir siendo Ícaro.

 

Nos robamos la posibilidad

partimos el tablero por ambos lados

y el puente se hundió sin estrépito

Esta vez sin palabras de despedida.

 

No fue el fuego del sol sino hielo que surgió de repente

el que mojó mis alas para caer a la tierra de golpe

No encontré una frase a tu altura que te rescatara del frio que te envuelve

Que cuando es calor solo es ansiedad liberada y torpe,

No pude llegar a ti desde el intelecto,

porque lo que se basa en razones

ni respira ni duda.

 

Tú ya estarás a otra cosa como si nada.

Yo voy cerrando la puerta con esta despedida.

 

No escribiré ni una línea más después de ésto

Trataré de cerrar lo mejor que pueda

Esto que es un testamento

Para que al leerlo me llegue intacta nuestra historia.

Trataré de quitarme los pinchazos fugaces

Si te imagino con otro, sin usar las palabras.

 

Y cuando llegue ese bache que es echarte de menos

Cuando baje la marea dejando al descubierto

los guijarros en la arena

no habrá palabras ni testigos

más allá de uno mismo y mi silencio.

 

Trataré de respetar el tiempo que nos toco vivir

viviendo con un error menos en la recámara

y un dolor más en el corazón

Y estaré a tu lado, pero sólo si lo necesitas

Cuando no haya nadie a mano que calme la herida

que otros te inflijan,

 

Estaré a tu lado siempre

Mientras cumplas el pacto que nunca hicimos

“Tú no vuelves

Yo jamás te escribo.”

 

 

Negro

Tras la noche de bares llegó la oscuridad del día siguiente, esa laguna cargada de horas y equivocaciones, los prolegómenos de un montón de disculpas. Ese espacio desconocido en el que se duda de uno mismo, porque como puedes ser lo que no recuerdas, que tipo de decisiones toma el inconsciente cuando le cedo el testigo y aprovecha para dejar por los suelos credibilidad, apariencia y maneras. No se puede hacer otra cosa que cargar con la culpa de su otro yo, doppleganger agazapado en las sombras, buscando en los días y encontrando en las noches otra laguna donde manifestarse mágicamente, tras varias pociones en el bar de siempre.

 

De esa vasta nada no había espacio para sacar ningún recuerdo, como un vagabundo iba recolectando detalles de los amigos que en procesión iban ocupando la pantalla del móvil. Las noticias son desalentadoras al otro lado del teléfono, un sutil tirar por tierra todo un sistema de creencias al que asisto resentido. Las escucho como si estuvieran hablando de otra persona, que por mucho que duela me pertenece, y que si está ahí será por algo, que deben quedar cosas no resueltas a las que tengo que dedicar mi atención. que sigo siendo un iceberg a la deriva, habiéndome sentido tantas veces una isla. Atisbar las causas en vez de lidiar con las consecuencias es lo que queda ahora, algo así como robarle un hilo de luz a la más absoluta oscuridad.