Como piedras afiladas

Como piedras afiladas

Si me hubiera puesto a salvo mucho antes,
si no hubiera ardido en tu fuego,
hecho cenizas tras la espantada,
las mañanas no serían a veces más que recovecos
donde escondernos del resto del día.

Si no me afectaran las cosas que me dijiste,
al igual que las cosas que no te supe decir.
Si no me odiara en su momento por ser un cobarde
desde el primer aliento
hasta el último reproche.

No hubiera podido perdonarme ante el espejo,
ni sacar el valor para decirte las primeras palabras
descolocadas y nerviosas, pero vivas.

Seguirían colocadas las excusas
como piedras afiladas,
rendido a los pies
de la peor incertidumbre,
la que solo se balancea,
rítmicamente,
entre el no y el nunca.

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