Amarillo

Amarillo

Sale el sol, un manto amarillento ilumina progresivamente cada recoveco de la ciudad, se encuentra con la ventana de la habitación y sus reflejos dorados la atraviesan, se filtran bajo la puerta. Mis dedos automáticamente recogen otro cigarro, perdida la cuenta de las veces que han repetido esa secuencia durante la noche en que no sucumbió al sueño. Era el momento de enfrentarse al dolor, escapar del standby, del semáforo en ámbar de las dudas.

Había que sumergirse en la tristeza, conseguir que su foto reciente amarilleara como si hubieran pasado años en vez de unas pocas horas, había que reciclar el envase vacío que era mi corazón, deshojar la margarita y que ya no importara que el último pétalo me contestara con un no.

Entra la luz, invade completamente la habitación, la oscuridad se desvanece como si nunca hubiera existido, y el corazón asimila el simbolismo externo para desterrar la sombra alargada que lo envolvía, la noche oscura del alma.

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