Lo reconozco

Lo reconozco.

Reconozco el miedo, la huida. Reconozco la estupidez del inmovilismo, la pereza por casi todo, las puñaladas certeras que me asesto. Reconozco la búsqueda de repeticiones, el envenenamiento en el ambiente, la excusa primordial. El ancla del silencio atada a la lengua, la confianza en entredicho. Reconozco la muerte del sueño inmortal, percibir los días encadenados unos a otros.

Y lo peor de todo es que no me reconozco.

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