Naranja

Cuando el día comienza a desdibujarse y la noche aún no se manifiesta, los extremos se aproximan ante el cambio de guardia. Ese puente que siempre es un lugar de paso entre dos mundos, corredor de la vida y la muerte, como la ceniza incandescente que en un extremo ya es ceniza y en el otro aún papel y tabaco virgen.

Anuncio ante un inminente cambio, mezcla holística, el último estertor de una hoja de otoño. Colocas tu umbral entre la pausa y el movimiento frente a un paso de cebra, instauras tu limbo donde se dan la mano de donde venimos y adonde vamos.

Rojo y amarillo en perpetua luna de miel, energías opuestas haciendo un 69 existencial, tu cordón umbilical que une mi yin a mi yang.

Porque al final, tras esconderse entre metáforas y símbolos por entre los estantes de los párrafos, el naranja me asalta con toda su fuerza desde las sábanas, y me quedo con la duda de si hablo del naranja.. o de ti, escondida en cada color, en cada actitud, en cada párrafo anterior..

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Rosa

Rosa

Me sentía un poco rosa cuando decidí hacerme aquella foto, al reparar en un coche deportivo, un instante de deseo fugaz pero existente. Hojear una revista repleta de sonrisas enlatadas, alimentarme de sueños de papel couché.

Los anuncios de la tele proponían soluciones a problemas inexistentes, me escupían a la cara que no era perfecto, que precisaba de sus recetas intoxicadas, se empeñaban en convencerme de que no era nadie.  La palabra necesidad trataba de tomar el control desde cada rincón, desde cada ángulo.

Apagué la tele, borré esa foto, tiré la revista, opté por dar un paseo; Al mirar hacia arriba, un color rosa completamente diferente se mostraba ante mí, reflejado en las nubes del atardecer. No necesitaba del futuro porque sólo se alimentaba de presente, no había reto ni promesa, era efímero y eso lo hacía infinito. No se evaporaba en mis manos como una limosna, no se necesitaba esfuerzo ni deseo para que cristalizara.

Y en esos momentos de claridad, la sensación, fugaz pero existente, de que buscando la vida en rosa uno acaba metido en jardines repletos de espinas.

Azul

Azul

Me pasé tres años buscando el azul. Subí a la azotea, mirando el cielo infinito que no me respondía, me dirigí al mar y sólo sentí salada la tristeza. Viajé a Argentina y cuando pregunté por el azul sólo me mostraron una bandera, pregunté a reyes y príncipes de ningún cuento que taparon presurosos las heridas; ya en Madrid me dirigí a la calle Génova, sólo había excrementos de gaviota corroyendo las aceras; en Ferraz, todo lo que creían saber del azul era simplemente odio ciego. Desalentado, volví a casa, donde solo me recibieron los azulejos fríos de la entrada. Puse un blues mientras buscaba entre los 111 tonos de azul conocidos. Nada. Sin esperanza, a punto de meterme en la cama abrí el cajón de la mesilla de noche y ahí estaba, el azul que buscaba, tus ojos en la foto, tu mirada atemporal, de un tono aún por inventar, respuesta a todas las preguntas, hija de ninguna bandera, cicatriz de todas las heridas, abono necesario, amorosa y cálida. Se acabó el blues, como se acabó nuestra historia hará tres años y el silencio que reinaba trajo calma y serenidad, todo lo necesario para poder seguir adelante.