No soy.

Aun así

No soy policía, pero llevo 34 años en el cuerpo. No soy bombero, pero me paso el día apagando fuegos. No soy soprano, pero me canta el ala. No soy farmacéutico, pero voy a toda pastilla. No soy delantero, pero a veces marco algún gol. No soy reponedor, pero me repongo de palos y piedras. No soy ama de casa, pero mi casa me ama. No soy charcutero pero me tira la carne, no soy traductor pero trato de entenderte. No soy jefe de nadie, pero nadie me manda.

No soy escritor, pero aun así escribo.

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Lo reconozco

Lo reconozco.

Reconozco el miedo, la huida. Reconozco la estupidez del inmovilismo, la pereza por casi todo, las puñaladas certeras que me asesto. Reconozco la búsqueda de repeticiones, el envenenamiento en el ambiente, la excusa primordial. El ancla del silencio atada a la lengua, la confianza en entredicho. Reconozco la muerte del sueño inmortal, percibir los días encadenados unos a otros.

Y lo peor de todo es que no me reconozco.