Inmersión

Inmersión

Hay que respirar hondo y sumergirse, salir del mundo de allá afuera, lo externo nunca será nuestro; si no buceamos en nuestras aguas como llegaremos a descubrir los tesoros sumergidos que aguardan pacientemente, cómo las barreras de coral, como llegar a la llanura abisal de nuestros dolores si no nos sumergimos de lleno en ellos. Aceptar la oscuridad que tiene al final toda la luz. Ser tiburones e ir allá donde esté la sangre, encontrar la lista de miedos, con nombres y apellidos y uno a uno darles muerte. Lo de afuera sólo es un engaño, un juego que es bonito jugar pero que al final pasa factura al vender nuestra apariencia que ya no se la cree nadie, aunque tampoco lo dirán, para así salvaguardar la suya, agrietada y terriblemente pesada.

Hay que respirar hondo y sumergirse tanto en la vida, meterte tan de lleno en ella, que cuando saques la cabeza y mires hacia fuera sólo encuentres en la gente una larga procesión de escaparates. Y si has aprendido algo de la inmersión, del descubrimiento de uno mismo, quizás encuentres fuerzas para ir destrozando los escaparates que tú mismo creaste para ti.

Fotografía de Clara Asanza Andrés.