Diccionario de despropósitos.

Coherencia

Dícese de la característica del que no se plantea nunca si está equivocado. La coherencia, como tal, se mide en años o en veces. En política la coherencia se trata como una constante, de valores 4 o múltiplos de dicho número. No se utiliza el segundo porque como va a haber coherencia en una nueva idea que desmonta tanto adobe de creencias. Sus sinónimos son varios, tradición, fe ciega (aunque esté tan mal dicho como “ambos dos” o “período de tiempo”).

La coherencia se lleva muy bien con la excusa y odia profundamente las hemerotecas; añade rencor al odio, juzga al agua por la fuente de la que procede y no por su sabor, puede crecer como las malas hierbas en cualquier parte y en cualquier momento, de madre rutina y padre tradición.

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Ascensor

Desalojo

Se abrió la puerta del ascensor y recibió una bofetada de calor con olor a cerrado. Llegó al vestíbulo y lo encontró tan desnudo que decidió llamarlo desníbulo. Sobre los pomos de las puertas se depositaba el polvo como nieve perpetua, ya no eran las mismas puertas que sacaban a la calle ni te recibían cuando tocaba regresar, en aquellos tiempos rebosantes de ruido, tan molesto entonces hasta que el silencio de ahora se colaba como el frío en los huesos, devorando una a una las anteriores quejas. Tan antinatural en aquel lugar que daba vergüenza oírlo por todo lo que contaba, en esos momentos el felpudo del “welcome” más bien parecía un “I miss you” o un “hasta nunca”.

Ya no esperaba encontrarse a esa vecina mayor que tocaba el piano, ni los maullidos tan inteligibles como insistentes del gato de enfrente cuando se quedaba solo. Los sonidos también habían sido desahuciados como tantas familias meses atrás. Aquello no era un bloque de viviendas, sino una cárcel de vacío, cámaras acorazadas a la vida propiedad única y exclusiva de una moneda con más de una cara.

Dándose por vencido, pulso el único timbre que le respondería. Se abrió la puerta del ascensor…

 

Experiencias manifiestas

Experiencias manifiestas

Salgo de la boca de metro de Tirso de Molina y me dirijo hacia Las Cortes, me quedo muy lejos, un grupo de unos veinte antidisturbios sin identificación, con casi una decena de lecheras, nos aguardan al principio de San Jerónimo con Sol. Empiezo a entender que va a ser complicado acercarme a las Cortes, aunque oigo a los leones desde donde estoy, si esto fuera Game of Thrones, saldrían de su encierro y arrasarían el parlamento abriéndose paso a dentelladas. Pero cualquier lugar es bueno, así que me sitúo cerca de ellos. Os miro a la cara uno a uno, registro vuestras expresiones ante los acontecimientos, me quedo parado más de una hora sin moverme de mi sitio, con las manos en los bolsillos, mirándoles, sin pronunciar palabra alguna, tratando de empatizar con ellos, que cojones pasa por su cabeza, por qué algunos tienen la sangre tan oscura. Voy observando su baile de movimientos, memorizando sus caras, identificando quien es el que manda, aquel grandote de mirada concentrada, manteniendo la calma, contenido y en su sitio. No parecía un mal tipo.

Luego estaba el que trata con la gente que quiere pasar a sus casas, con paciencia infinita, la verdad sea dicha.

O los antidisturbios os hacéis como los Amish, y vivís solo entre vosotros, o vais a ver vuestro muro derrumbándose, vuestro entorno resentido, pagando con creces vuestra cobardía. Ser hijo de antidisturbios será insulto coloquial, y sí, es verdad, todavía no ha llegado ese momento, pero llegarán, y llegarán otros, cuando dejéis vuestro trabajo y pare la actividad frenética, os desliguéis con hilo fino de vuestros ex-compañeros, y vuestro karma se abalance sobre vosotros. Recordad que la culpa la estáis escribiendo de propio puño ahora. La lepra con sangre entra.

Tendríamos que ir, día tras día, y memorizar sus caras, todas ellas, saber quienes son los perros de presa. Identificar a los topos convertidos en manifestantes en primera línea de playa, curioso eso de jugar uno sólo creando disturbios que luego antidisturbias, los daños colaterales que importan. Los vencedores son los que redactan la historia. Un tipo puede que se quede bien jodido pero qué más da, os habéis ganado ochenta euros. Felicidades.

Sentimos lo de la paga de navidad.

Y me da por pensar que nos tienen más miedo a nosotros que nosotros a ellos. Que estar ahí plantados delante de tanta gente, algunos insultándolos, pero otros sacando alguna sonrisa con algún cántico improvisado, era un recordatorio continuo de que están tomando decisiones incorrectas, que bajo la pila de platos de las auto-justificaciones hay algo que late y que sabe la verdad, que se están equivocando de lugar, cada vez que les recordamos si su familia estarán orgullosas de ellos. Supongo que algunas familias si, como la del antidisturbios que estaba a la derecha, si mis ojos no me fallan ese tipo no es el problema, en todas las familias de lobos a veces sale uno blanco.

Veo amargura en casi todos vosotros. Nos odiáis, mucho más que nosotros a vosotros, porque nuestro verdadero odio está muy por encima de vosotros, sólo sois perritos fieles. Mi lema es: no les des la satisfacción de que te toquen. No es muy difícil ser más listos que ellos, no seamos tontos.

Yo también me siento amargo, pero se pasará rápido, encontraré nuevas fuerzas, yo no tengo que cargar con vuestro insomnio, ni filtrar la basura que os echáis a vosotros mismos.

La excusa de cumplir órdenes ha quedado demostrada de nuevo, que bien no ser el responsable de vuestros actos. Lo malo no es sólo que las cumpláis, es que deseéis que se os den esas órdenes. Y no sois todos, hoy lo he visto, pero de momento sois una anécdota, una minoría que no llega a un escaño. Suerte y haceros un titular.

No quiero entrar en las Cortes, tranquilos, detesto los lugares pequeños con el aire viciado, quiero que salgáis para ver lo que hay fuera, para que despertéis de vuestros juegos de poder y os hagáis de una vez responsables de vuestros actos. No os deseo ningún mal, solo conciencia.