Negro

Negro

Tras la noche de bares llegó la oscuridad del día siguiente, esa laguna cargada de horas y equivocaciones, los prolegómenos de un montón de disculpas. Ese espacio desconocido en el que se duda de uno mismo, porque como puedes ser lo que no recuerdas, que tipo de decisiones toma el inconsciente cuando le cedo el testigo y aprovecha para dejar por los suelos credibilidad, apariencia y maneras. No se puede hacer otra cosa que cargar con la culpa de su otro yo, doppleganger agazapado en las sombras, buscando en los días y encontrando en las noches otra laguna donde manifestarse mágicamente, tras varias pociones en el bar de siempre.

De esa vasta nada no había espacio para sacar ningún recuerdo, como un vagabundo iba recolectando detalles de los amigos que en procesión iban ocupando la pantalla del móvil. Las noticias son desalentadoras al otro lado del teléfono, un sutil tirar por tierra todo un sistema de creencias al que asisto resentido. Las escucho como si estuvieran hablando de otra persona, que por mucho que duela me pertenece, y que si está ahí será por algo, que deben quedar cosas no resueltas a las que tengo que dedicar mi atención. que sigo siendo un iceberg a la deriva, habiéndome sentido tantas veces una isla. Atisbar las causas en vez de lidiar con las consecuencias es lo que queda ahora, algo así como robarle un hilo de luz a la más absoluta oscuridad.