Ascensor

Desalojo

Se abrió la puerta del ascensor y recibió una bofetada de calor con olor a cerrado. Llegó al vestíbulo y lo encontró tan desnudo que decidió llamarlo desníbulo. Sobre los pomos de las puertas se depositaba el polvo como nieve perpetua, ya no eran las mismas puertas que sacaban a la calle ni te recibían cuando tocaba regresar, en aquellos tiempos rebosantes de ruido, tan molesto entonces hasta que el silencio de ahora se colaba como el frío en los huesos, devorando una a una las anteriores quejas. Tan antinatural en aquel lugar que daba vergüenza oírlo por todo lo que contaba, en esos momentos el felpudo del “welcome” más bien parecía un “I miss you” o un “hasta nunca”.

Ya no esperaba encontrarse a esa vecina mayor que tocaba el piano, ni los maullidos tan inteligibles como insistentes del gato de enfrente cuando se quedaba solo. Los sonidos también habían sido desahuciados como tantas familias meses atrás. Aquello no era un bloque de viviendas, sino una cárcel de vacío, cámaras acorazadas a la vida propiedad única y exclusiva de una moneda con más de una cara.

Dándose por vencido, pulso el único timbre que le respondería. Se abrió la puerta del ascensor…

 

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Rosa

Rosa

Me sentía un poco rosa cuando decidí hacerme aquella foto, al reparar en un coche deportivo, un instante de deseo fugaz pero existente. Hojear una revista repleta de sonrisas enlatadas, alimentarme de sueños de papel couché.

Los anuncios de la tele proponían soluciones a problemas inexistentes, me escupían a la cara que no era perfecto, que precisaba de sus recetas intoxicadas, se empeñaban en convencerme de que no era nadie.  La palabra necesidad trataba de tomar el control desde cada rincón, desde cada ángulo.

Apagué la tele, borré esa foto, tiré la revista, opté por dar un paseo; Al mirar hacia arriba, un color rosa completamente diferente se mostraba ante mí, reflejado en las nubes del atardecer. No necesitaba del futuro porque sólo se alimentaba de presente, no había reto ni promesa, era efímero y eso lo hacía infinito. No se evaporaba en mis manos como una limosna, no se necesitaba esfuerzo ni deseo para que cristalizara.

Y en esos momentos de claridad, la sensación, fugaz pero existente, de que buscando la vida en rosa uno acaba metido en jardines repletos de espinas.

Caleidoscopio

 Caleidoscopio

Uno es el que bebe, otro el que está sobrio, el que fuma, el que come carne o pescado, el que gasta la tarde jugando a la play, el que aprovecha las horas rasgando unas cuerdas, cocinar o picar de lo que haya, otro el que lee, otro el que escribe, diferente con una sonrisa o apretando los dientes, el que está acompañado y el que está sólo en la habitación, el que ve las horas de la noche pasar entre pausas para el cigarro y el que sueña el día siguiente; el que se rinde para volver con más fuerza, el que se hace fuerte para no tener que rendirse .

Soy un caleidoscopio, una multitud de psiques, cada una tirando de una dirección diferente, dejándome en evidencia de cuando en cuando.

Y así, perdido en este caos, busco un centro que reorganice todo, cada cosa en su sitio.Difícil, sabiendo que hay muy pocas cosas que me hagan rebosar, que lo urgente ya no es nada importante, y sólo lo que siempre se espera parece darme un faro al que agarrarme hasta que el torbellino de las rutinas se vaya como el agua por el sumidero, y no quede nada más que un vacío, un contenedor a la espera.

Cuando alguien descubre un sol, es difícil contentarse con la luz de una bombilla, con la débil llama de una cerilla. Y resulta arduo vivir sin poder contentarse, que nada excepto tú pueda ponerme en guardia, recalibrar actitudes, sumergir lo superfluo.