Rosa

Rosa

Me sentía un poco rosa cuando decidí hacerme aquella foto, al reparar en un coche deportivo, un instante de deseo fugaz pero existente. Hojear una revista repleta de sonrisas enlatadas, alimentarme de sueños de papel couché.

Los anuncios de la tele proponían soluciones a problemas inexistentes, me escupían a la cara que no era perfecto, que precisaba de sus recetas intoxicadas, se empeñaban en convencerme de que no era nadie.  La palabra necesidad trataba de tomar el control desde cada rincón, desde cada ángulo.

Apagué la tele, borré esa foto, tiré la revista, opté por dar un paseo; Al mirar hacia arriba, un color rosa completamente diferente se mostraba ante mí, reflejado en las nubes del atardecer. No necesitaba del futuro porque sólo se alimentaba de presente, no había reto ni promesa, era efímero y eso lo hacía infinito. No se evaporaba en mis manos como una limosna, no se necesitaba esfuerzo ni deseo para que cristalizara.

Y en esos momentos de claridad, la sensación, fugaz pero existente, de que buscando la vida en rosa uno acaba metido en jardines repletos de espinas.