Estética gatuna

Estética gatuna

Madrid colabora con nosotros, responde a las dudas que nos plantea; así, un gato visto tras un escaparate se cuela en la conversación siguiente en el Maño, donde curiosamente tenían otro gato, calle la palma y allí se resuelve nuestra duda sobre estética gatuna, con  la ciencia, así que el primer gato no iba rapado menos la punta del rabo y las orejas por un antojo desproporcionado del dueño sino que esas zonas tienen terminaciones nerviosas que mejor para todos no tocar. Pero no era del dominio de la ciencia que ese primer gato fuera magnético ante nuestros ojos cuando lo descubrimos, (no teníamos un sitio predeterminado para ir, nos dejábamos llevar por las calles inventando itinerarios, sintiéndonos a la deriva). Ni una razón lógica y pesada que nos llevará a quedarnos pegados al cristal observándolo como críos mientras se gestaba la duda, absolutamente trivial y por eso maravillosa; no había incógnita que resolviera la ecuación para que después acabáramos en el único bar de la palma donde habría un gato esa noche, y que la camarera me diera, sin habérselo preguntado, la respuesta a nuestra pregunta.

Son ese tipo de cosas que suceden cuando bajamos la velocidad frenética hasta el paso ligero, el punto donde cede la prisa inculcada ante nuestro propio tictac.

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